miércoles, 9 de enero de 2008

Viajar a Vilafranca del Penedès

La ruta que emprenderemos nos llevará desde Vilafranca del Penedès, lugar vinícola por excelencia, hasta llegar a Montblanc, municipio que todavía conserva cierto aire medieval.

Vilafranca del Penedès es una localidad famosa por sus bodegas, especialmente la comarca del Alt Penedès, en la que destaca la cantidad y calidad de sus cepas. Pero también merece un elogio la capacidad comercializadora y exportadora de las empresas que han hecho posibles sus vinos y cavas, y que han conseguido que la denominación de origen Penedés se conozca en todo el mundo. No debemos dejar de visitar "Bodegas Joan Sardà", "Bodegas Pinord", "Miguel Torres" o "Segura Viudas".
La Fira del Gall
El recuerdo de la Fira del Gall de Vilafranca del Penedès se pierde en la noche de la historia. Antiguamente, Vilafranca había tenido dos ferias de aves, la de Santo Tomás, el 21 de diciembre, que se sigue celebrando y otra en el mes de agosto, cuando se habían acabado las tareas de la siega y batida de los cereales y como pórtico de las fiestas de celebración de la cosecha.

Lo cierto es que la Fira del Gall fue languideciendo al comienzo de la década de los años sesenta del siglo pasado, eclipsada por la importación de aves venidas de América, de engorde fácil y de sabor insulso, pero de un precio mucho más barato. A mediados de los años ochenta, la Fira del Gall no es más que unas pocas paradas, confundidas en la abigarrada oferta del mercado semanal que no para de crecer. Las razas autóctonas, como el soberbio Gall del Penedès y el Ànec Mut del Penedès, casi quedan extinguidas.

Entonces es cuando el Patronato Municipal de Comercio y Turismo se hace responsable de la revitalización de la Fira. La respuesta es casi inmediata y constante año tras año, la Fira del Gall no para de crecer en número de paradas, actividades y visitantes. Pronto se hizo necesario cambiar la ubicación de la Fira, que se desplazó a la Rambla de Sant Francesc, donde actualmente sufre el mismo mal debido al impresionante incremento de público.

Hoy en día, la Fira del Gall es una de las actividades de más envergadura y, paralelamente con la Festa Major, la que atrae un más elevado número de visitantes.

De esta comarca catalana se tienen referencias históricas desde el neolítico. En tiempos no tan remotos la civilización ibérica creó asentamientos tan importantes como el de Olérdola, el cual se consolidó y amplió durante la conquista romana debido a su posición estratégica, ya que estaba atravesada por la Vía Augusta. La dominación árabe fue breve, sin embargo, y a lo largo de la reconquista cristiana esta tierra se convirtió en avanzada del Condado de Barcelona ante las tierras musulmanas. En el siglo XI destaca la figura de Mir Geribert, señor de Olérdola, que colonizó la zona, se rebeló contra los condes y luchó contra los sarracenos. De esta época nos quedan numerosos castillos, como el de Subirats, ya en ruinas.

Un viaje al medievo
Finalmente nuestro camino terminará en Montblanc, municipio tarraconense de origen medieval a orillas del río Francolí. Esta villa fue fundada en el siglo XI, y con el tiempo se convirtió en el lugar de reunión de las Cortes castellano-aragonesas. Su conjunto medieval fue considerado Conjunto Histórico-Artístico y sus mansiones y casas señoriales son verdaderas obras de arte.

Del conjunto medieval de Montbanc destacan sus murallas, del siglo XIV y cuidadosamente restauradas, que sirven de escenario a la representación de la leyenda de San Jorge en plena Semana Medieval, que se celebra en abril. Observar el tramo de muralla situado junto al mercado central de la población es trasladarse a la Edad Media. Y es que los muros, las torres y las almenas aún huelen a mortero, y las piedras mantienen el polvillo de recién pulidas. Se trata, éste, del tramo que el Ayuntamiento ha reconstruido a imagen y semejanza del estado que presentaba en la época medieval.

Viajar a Vejer de la Frontera: tierra de molinos, enclave de cobijadas

En tierras gaditanas, Vejer de la Frontera es un enclave situado sobre una colina, asomando sus molinos como guardián de antaño por la célebre punta de Trafalgar. Una morada de las más diversas culturas, pero sobre todo se respiran las huellas de Al-Andalus, no sólo en sus construcciones sino también en usos y costumbres como la, hasta hace años arraigada, famosa "cobijada", la capucha con que las mujeres se tapaban la cabeza.

De cobijadas y molinos se habla mucho en Vejer de la Frontera. Ambas son huellas de su pasado, al igual que las que dejaron fenicios y romanos, visigodos y, sobre todo, de la extensa época árabe.
Vejer es un recinto amurallado con un rico resto almenado en su interior que conforma un insólito laberinto de encaladas viviendas. Cada rincón, cada esquina de Vejer guarda un tesoro, tales como sus arcos, sus balaustradas y escalinatas que irrumpen en la profundidad de tajos y barrancos.

De sus calles principales, como la de Misericordia, Algarrobillos, Triperías, el Patio de las Monjas, Cocheros o Trafalgar, el viandante puede observar las exquisiteces de una localidad donde impera una todopoderosa iglesia parroquial, que se levanta sobre el basamento y los muros de una antigua mezquita árabe y que es conocida como la del Divino Salvador, por haber sido rescatada de los musulmanes.

En esta iglesia del Divino Salvador se pueden observar las diversas fases de su construcción: una primera etapa románica en su estructura y pilares delanteros; una segunda fase gótico-mudéjar, centrada en la denominada capilla de las Ánimas; y una tercera fase donde se centran los medallones y las capillas del Sagrario y del Nazareno, con características del gótico tardío y hasta retazos renacentistas. Pero la obra magna es un mosaico, el del altar mayor, muy admirado debido a su precisión y belleza.

Morada de las más diversas culturas, como se demuestra al observar las diferentes arquitecturas que se arremolinan por la ciudad, así como las costumbres y usos de su población. Especial mención se merecen las famosas "cobijadas", hasta hace no muchos años una práctica extendida, que son una especie de capucha con que las mujeres se tapaban la cabeza, cuya explicación también se centra en la necesidad de protegerse el cutis del ardiente y arenoso viento del Este.

Conquistas y reconquistas
Vejer fue, posiblemente, fundada por fenicios, por las huellas de dólmenes y otras reliquias funerarias que se extienden en sus proximidades. Pero, sobre todo, por las pinturas rupestres del denominado tajo de las figuras. Un asentamiento inmaculado, de cal, con muros y torres en piedra, que posteriormente sería dominado por musulmanes tras la huella de la batalla de Janda, donde perdería el último de los reyes visigodos, don Rodrigo.

Pero 539 años después, Vejer sería reconquistado por Fernando III El Santo, que convertiría la ciudad en un asentamiento fronterizo frente al poderío musulmán y, posteriormente, contra los amenazadores corsarios berberiscos. De ahí también que el duque de Medina Sidonia, don Alonso Pérez de Guzmán amurallase toda la ciudad y construyese un castillo rectangular en el centro del perímetro, del cual se conservan todavía tres de sus cuatro entradas principales.

Teruel, la ciudad de los amantes

Ciudad del amor, capital del mudéjar y declarado por la UNESCO, patrimonio de la humanidad desde 1986.

Fundada en 1171, su posición geoestratégica la ha abocado a años de lucha, primero contra el enemigo andalusí y contra el reino de Castilla, y por último, y todavía en el recuerdo, la Guerra Civil que dejó mermada gran parte de su obra arquitectónica.
Si plato de buen gusto es su famoso jamón de Teruel no lo es menos su atractivo conjunto histórico-artístico.

Qué ver en Teruel
Las cuatro torres mudéjares del centro histórico marcan la altura de la ciudad, torre de San Pedro, torre de la Catedral, torre de San Martín y torre del Salvador. En la sala del Alarife de la torre del Salvador se proyecta un audiovisual sobre el proceso constructivo de la misma, así como sobre el contexto histórico que abarca la arquitectura mudéjar.

En la iglesia de San Pedro se encuentra el sarcófago que cobija los restos de Isabel y Diego, los amantes de Teruel. El mausoleo de Juan de Ávalos es la imagen más representativa y conocida de los dos eternos enamorados. La ciudad de Teruel está vinculada a su historia-leyenda medieval, que transcurridos ocho siglos sigue estando vigente como una de las más bellas páginas de amor escritas en el mundo.

El centro neurálgico de la ciudad es la plaza del Torico, desde allí parten las travesías a la Catedral -construida en 1587-, al Ayuntamiento y al aljibe medieval. Desde el paseo del Óvalo se contempla la escalinata de estilo neomudéjar, y también el viaducto de José Torán.

Por último, los restos de la antigua muralla con portales y torreones todavía conservados y los museos, museo Provincial, museo Diocesano y Dinópolis, todas ellas paradas obligatorias.

Calendario festivo
Las celebraciones turolenses comienzan en el mes de enero con las hogueras en honor de San Antón y San Sebastián. En febrero se sitúa la fiesta de las Bodas de Isabel de Segura, en la que propios y extraños vuelven al Teruel del medievo con la recreación de la conocida historia de los amantes. El toque multitudinario de tambores y bombos de la Semana Santa de Teruel es apreciado en toda España. La Vaquilla del Ángel, en julio, sigue siendo el símbolo de la fiesta turolense, que comienza con la puesta del "pañuelico" ante miles de vaquilleros enfervorizados.

Además, Teruel es una de las capitales mundiales del jamón y fe de ello es su denominación de origen y la feria del jamón que se celebra cada mes de septiembre.

Historia de los amantes
La historia de los amantes procede de una antigua tradición, posteriormente documentada. En los primeros años del siglo XIII viven en la ciudad Juan Diego de Marcilla e Isabel de Segura, cuya temprana amistad se convierte pronto en amor. Rechazado por la familia, al carecer de bienes de fortuna por segundón, el pretendiente consigue un plazo de cinco años para enriquecerse. Parte a la guerra y regresa a Teruel cuando expira el plazo. Isabel ya está esposada con un hermano del señor de Albarracín. Consigue Juan Diego entrevistarse con ella en su casa y le pide un beso. Se lo niega Isabel y el joven muere de dolor. Al día siguiente se celebran los funerales en San Pedro. Se acerca al féretro una mujer enlutada: es Isabel que quiere dar al difunto el beso que le negó en vida. Lo hace y repentinamente muere junto a él.

En 1555 se descubrieron las momias enterradas en la capilla de San Cosme y San Damián. Según el testimonio posterior del notario Yagüe de Salas apareció un documento antiguo que recogía el suceso.

Juan de Ávalos esculpió las estatuas yacentes bajo las que reposan ahora las momias. La fría serenidad de los amantes, cuyas manos no llegan a juntarse es símbolo de un amor que desborda los conceptos humanos.

Viajar a Tembleque: la plaza mayor que da vida a un pueblo

Esta típica villa manchega se estructura alrededor de un foro inigualable y único por su belleza: la plaza mayor, que se ha convertido en símbolo de esta población y que rige la vida cotidiana de sus habitantes.


Con algo más de 2.000 habitantes, la población de Tembleque está situada en el kilómetro 93 de la carretera nacional IV Madrid-Cádiz, a tan sólo a 55 kilómetros de la capital de la provincia, lo que le garantiza unas excelentes comunicaciones con los puntos estratégicos a nivel administrativo, sanitario o comercial.
Sus límites la unen, por el norte, con el término municipal de La Guardia, por el este, con El Romeral y Villacañas, por el sur, con Madridejos y Turleque, y por el oeste, con Mora y Villanueva de Bogas. Sus paisajes se llenan de olivos, de vides y de diversos cultivos de cereal y, entre su fauna, destacan las liebres, los conejos y las perdices.

La plaza mayor
Su plaza mayor fue inaugurada en 1653, aunque parece que su origen podría remontarse a la cultura romana. Sin embargo, fue con los Reyes Católicos cuando se institucionalizaron, al mandar construir en todas ellas un edificio destinado a albergar la casa consistorial.

La concepción de su estructura responde a una doble función: urbanística (espectáculos teatrales, mercado o celebraciones religiosas) y plaza de toros. La plaza, que fue declarada de interés histórico-artístico en el año 1973, tiene una planta cuadrangular, tres de cuyos lados (las fachadas norte, sur y este) están formados por soportales sustentados por sencillas columnas de granito en la planta baja, sobre las que se alzan dos plantas de corredores realizadas en estructura de madera.

Su decoración es austera, limitándose al torneado de los balaustres y a unos sencillos adornos, en forma de tallos vegetales, que enmarcan una cruz de malta, recuerdo del paso de los caballeros de la Orden de San Juan de Jerusalén, aquellos que heredaron las propiedades de los legendarios templarios.

La plaza está unida por un pasillo al otro centro neurálgico de la población: la plaza de la Orden y, alrededor de ambas, se encuentran los principales edificios de esta típica villa manchega.

Principales edificios de Tembleque
La Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción data del siglo XVI, aunque fue ampliada en el XVIII. Su estilo es de transición del gótico al renacimiento y tiene planta de cruz latina con cabecero poligonal. Posee una sola nave y una bóveda de crucería de estilo gótico.

Entre las muchas casas señoriales que se alzan en esta villa, hay que destacar la Casa de las Torres, un edificio barroco del XVIII declarado de interés histórico-artístico desde 1979.

Asimismo, diversas ermitas del XVII, son visita obligada en un paseo por esta bella localidad toledana. Entre ellas destacan, por ejemplo, la del Cristo de la Palma (o del Cristo del Valle), la ermita de la Virgen de Loreto, la de San Antón o la de la Purísima Concepción.

Artesanía y gastronomía
Algunos de los platos más típicos de Tembleque son el cordero recental, la sopa cana, el revuelto, los sequillos, las gachas, el caldillo de patatas y las migas. A esto hay que añadir otros platos, típicos de la región, como la perdiz estofada o en escabeche, las truchas, las judías con perdiz, el conejo, el cuchifrito, el pisto manchego...

La tradición artesana toledana se expresa especialmente en los trabajos de forja, los muebles, la vidriería y los textiles.

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